La alfarería es un oficio artesanal presente a lo largo de todo nuestro país.
En Nilahue Cornejo recuerdan a varias alfareras, o porongueras, como le llamaban en el pueblo a las mujeres que trabajan la greda. El proceso era muy rústico y en él participaban también las niñas de la familia; así se transmitía el oficio principalmente de madres a hijas o de abuelas a nietas.
A continuación, describiremos el proceso de producción de las antiguas porongueras de Nilahue Cornejo, en base a los relatos de nilahuinas quienes, siendo niñas, fueron testigos y colaboradoras del trabajo de sus abuelas:
Mi abuela sacaba la greda del patio de la casa. Cernía arena bien finita, para darle firmeza, y de ahí la humedecía, hacía como una masa y luego yo debía amasarla con los pies; zapateando arriba de la greda. Entonces, con el talón iba pisando la greda, hasta que quedaba bien amasadita. Y, después, de ahí, mi abuela iba sacando trozos para hacer los tiestos: los amoldaba con las manos. Ponía un plato con un pedazo de tela abajo, en el fondo y, con una paletita la iba estirando hacia arriba. También se ayudaba de una especie de cucharita que hacía con un trozo de calabaza, de esas con las que se hacen los mates, las usaba para darle la forma deseada: platos, tazas, ollas, fuentes, cafeteras para el café de trigo y un sinfín de productos. Después los ponía un tiempo al sol para que se airearan y secaran, siempre evitando el sol directo, porque se partían.
Para cocerlas, yo tenía que ir a buscar bostas de vaca al potrero; era cruzar el cerco y recoger las bostas secas. Llenábamos sacos y después los traíamos sobre la cabeza, porque igual eran livianas. Eso servía para hacer el fuego, se mantenía harto. La abuela era quien las cocía; hacía una rumba de bostas, como una cama de bostas, ponía las piezas sobre ellas y las tapaba con más bostas y les prendía fuego. Las bostas se convertían en brasas. Cuando los tiestos quedaban bien cocidos quedaban como rojitos, y cuando no, quedaban con manchitas negras, por el humo donde no prendió bien la bosta.
A veces también me mandaban a ruñirlas con una piedrecita. Era pulirlas, pero mi abuela decía ruñirlas. Esa piedrecita se iba gastando de tanto pasarla por los tiestos de greda. Y, por último, para dejarlas suavecitas, mi abuela le pasaba un trozo de cuero de un zapato viejo. Quedaban bien terminadas y bonitas.
Actualmente, en Nilahue Cornejo no existen alfareras. Debido a la falta de demanda por sus productos, las mujeres del pueblo dejaron de elaborarlos y, con ello, este oficio terminó por desaparecer en Nilahue.
La última poronguera que recuerdan en Nilahue Cornejo fue Nieves Peñaloza, quien murió el 2009, a los 110 años. Su nieta, Fabiola Peñaloza, recuerda perfecto el último pedido que tuvo su abuela: media docena de platos y tres budineras.
Oficios con memoria. Podcast sobre los oficios artesanales y la vida cotidiana de los antiguos habitantes de Nilahue Cornejo, comuna de Pumanque, provincia de Colchagua, región de O’Higgins. Basado en el libro Historia hecha a mano de Laura Cabrera Barraza.
Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, ámbito regional de financiamiento, Convocatoria 2026.
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