Los antiguos maestros carpinteros destacaban por su versatilidad constructiva; desarrollando una amplia gama de productos.
Haciendo uso de herramientas manuales tradicionales como serruchos, martillos y cepillos, lograban abastecer las demandas madereras de su comunidad. Su experticia no radicaba en un producto específico, sino en el dominio integral de la madera, lo que les permitía fabricar desde viviendas y muebles hasta urnas fúnebres.
A continuación, describiremos el trabajo de los antiguos carpinteros de Nilahue Cornejo, basado en el relato de nilahuinos y nilahuinas mayores de 60 años, sobre la confección de cajones mortuorios:
Cuando alguien fallecía la familia acudía de inmediato al carpintero. Tomaban la medida del difunto con una huincha o un cordel y se la llevaban para que construyera el cajón. Él seleccionaba las tablas, las cortaba, cepillaba y pulía hasta dejarlas suaves. Luego, las unía y les daba forma. El cajón quedaba más ancho a la altura del tórax y los hombros, afinándose hacia los pies. Finalmente, armaba el féretro y, usando paja quemada, teñía la madera para que quedaran negritos.
Esos cajones fúnebres no eran tan pulidos como los de ahora, sino bastante rústicos. Los hacían en un dos por tres; eran muy rápidos de fabricar. Además, no tenían adornos ni vidrio, sino una sola tapa de madera, larga y lisa, que cubría al difunto de pies a cabeza. A los que alcanzaba a pintar los pintaba. Pero era rápido, en la noche. El maestro carpintero fabricaba, además, una cruz, porque en ese tiempo la mayoría se enterraba en el suelo y en la cabecera le ponían una cruz y una corona de flores de papel.
Y nosotros que vivíamos cerca no dormíamos con los golpes. El maestro pasaba toda la noche golpeando con el martillo.
Si usted entra a Pumanque al cementerio antiguo, a mano derecha o izquierda a la entrada, va a ver que todos los nichos son chiquititos. Porque los cajones eran chicos; a la medida de la persona. Todo a mano y lo hacían en el mismo momento que moría la persona.
Los de la casa cortaban unas varas de los eucaliptos para la angarilla. Esas varas, las pelaban y le ponían los palitos atravesados, como una escalera, y le amarraban el cajón con soga y después se lo echaban al hombro; tal como las andas que a veces hacen para la virgen así, la tomaban al hombro.
Miguel Estolaza, conocido como el maestro Miguelito, es el más recordado por la comunidad nilahuina. Como carpintero antiguo fabricaba casas, ventanas, puertas, aparadores, roperos, peinadores, telares y, también, cajones fúnebres. Quienes, en su infancia, fueron sus vecinos y vecinas, aún recuerdan el temor que les producía oírlo trabajar en plena noche, sabiendo que el eco de sus herramientas marcaba el fallecimiento de un vecino.
Oficios con memoria. Podcast sobre los oficios artesanales y la vida cotidiana de los antiguos habitantes de Nilahue Cornejo, comuna de Pumanque, provincia de Colchagua, región de O’Higgins. Basado en el libro Historia hecha a mano de Laura Cabrera Barraza.
Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, ámbito regional de financiamiento, Convocatoria 2026.
Escucha el podcast Oficios con Memoria en https://open.spotify.com/episode/3cJODDEwQeV5d8i9vw8Wgk?si=FrmJt0CoQzad37xTsjnBDQ